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Un fantasma recorre Buenos Aires, un fantasma murguero. PDF Imprimir E-Mail
escrito por Carlos   
jueves, 28 de abril de 2005
Desde la penumbra de la cortada Darwin, desde la esquina de Gurruchaga y Honduras, desde las sombras de Palermo surge la espesa niebla de la tradición murguera.
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Corso en Flores año 2002

Una herencia que se clava en el corazón de cada Atrevido, para sostener una propuesta artística callejera en la cual cada uno de nosotros se gana un lugar para expresar su alegre rebeldía, tironeando un cacho de Palermo para su lado y poder gritarlo a todo Buenos Aires. ¿Y ahora que pasa, eh?
Acá estamos con la mochila de todo un año de laburo, de ensayos, de presentaciones por dos mangos, de inventar guita para hacer los trajes y los muñecos.
¿Hacen falta más bombos?, acá están para que resuenen los adoquines, para que les movamos las patas a los porteños.
Meses de trabajo componiendo presentaciones, críticas y retiradas. ¿Se escucharán nuestras canciones? ¿No será mejor grabar un CD?
La tela de los trajes, los apliques, que quede bueno el Patoruzú con el ñandú.
¿Quién va llevar los cabezones?
Cuidar a las mascotas, conseguir la caja de graves. Que los trajes estén prolijos.
 Al terminar el corso tenemos que comer: la guita para las pizzas está, nunca se tocó.
 
¿Por qué?, ¿para quién?
La ciudad nos descubre en febrero y nos cubre el resto del año.
¿Quiénes son estos que se visten de verde, violeta y blanco?; ¿Qué locura pone en juego cada murguero?; ¿Qué proponen como alternativa artística?
Hay distintas respuestas: hacia el interior de la murga, hacia el ámbito murguero y las queapuntan a un público que en carnavales tiene el papel de espectador.
Más allá de las palabras, lo que está en juego son las emociones. El fantasma murguero atrapa cuando los bombos estremecen los cuerpos, cuando hay identificación con los cantores del escenario, en cada patada dibujada en la noche por los bailarines.
Aquí estamos Atrevidos por Costumbre del barrio de Palermo compitiendo sobre todo con nuestras locuras, creando-produciendo-regalando en cada salida una forma de boxear la tristeza.
La razón de nuestra vida murguera se pone loca cuando logramos que los que miran desde la vereda transformen su lugar de espectadores en un espacio único junto a la murga.
¡Califíquennos en sus corazones! Cada risa, cada estremecimiento, suma en el puntaje invisible que nos llevamos bien guardado en el bolsillo de raso de nuestra emoción.   
¡¡Vean, escuchen, sientan, bailen, canten: atrévanse a sacudir las telarañas de la imaginación!!

Carlos, bombista de Atrevidos por Costumbre
Modificado el ( martes, 17 de mayo de 2005 )
 
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