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Palabra extraña, ¿no? Tristeza asociada al carnaval…
 Ronda en colegiales
Sin embargo todos los que han pasado un largo año de preparación para 6 u 8 jornadas de despliegue y embriaguez (no necesariamente alcohólica) entenderán de lo que estoy hablando.
La emoción a flor de piel, las lágrimas a punto de salir desbordando unos ojos vidriosos justo…, justo cuando el ultimo de los platillos y la última de las masas golpean directo en el corazón.
Y luego,… el silencio,…
Un instante pequeño y efímero de silencio que resume todo,
El carnaval se terminó, es un recuerdo más, maravilloso, mágico,… finito.
Tristeza de carnaval
Notas del último día del carnaval por Atrevidoweb
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Nuestra última jornada fue increíblemente tensa, para empezar… ¿A quién se le ocurrió comenzar los corsos a las 7 de la tarde? El sol aleja a las musas murgueras, y las hadas y los duendes aliados a Momo solo aparecen cuando el manto cómplice de la noche cubre las imperfecciones. Los atrevidos, cual vampiros ávidos de risas y aplausos, no salen con el sol que brilla en el horizonte, y tampoco el público. Luego, la maldición de los fleteros nos persigue,… ¿Y los bombos, las fantasías y cabezones? ¿Perdidos, robados, secuestrados,…? Aquí asomó definitivamente la tristeza,… no la del título, la de la decepción y la desesperanza.
Los amigos del corso de San Telmo, ante nuestra desazón asomaron un toque de luz, “los bancamos” dijeron, “queremos que toquen acá” el Gallego se lanzó en una moto a buscar y encontrar,… pasaron los minutos y nada,… salvo las críticas por lo bajo de los descreídos,… finalmente apareció el gallego, la moto y el flete,… y nuestras sonrisas dieron nueva luz a la gran avenida cubierta de público expectante,… Arrancaron los bombos, las manos en alto de los bailarines, llamando a la divinidad, implorando su don… y la magia de Momo derramó sobre nuestras cabezas su bendición burlona y desbordó hasta cubrir a todos los presentes al punto de estallar en aplausos y le rendimos tributo a Él, nuestra razón de ser, celebrando su presencia en nuestras vidas. Una vez más, la locura atrevida dio alegría y recibió alegría, y se retiró de San Telmo dejando su marca de origen, un pedacito de Palermo en ese asfalto caliente.
Y luego, con la tardanza a cuestas, entramos a Montserrat, repleto de gente, un sonido excelente, y el espíritu carnavalesco bien alto en esta última noche. A pesar del cansancio, la murga se armó más rápido que nunca, y la ceremonia se inició una vez más, esta vez definitivamente con un agregado, la conciencia de que es el último, el final. Y se notó, todo tuvo un brillo único, especialmente contagioso, desbordante, y al paso de los atrevidos se fueron sumando otras murgas que esperaban deseosas, y ya todo fue alegría. Los verdes y violetas se mezclaron con rojos y azules y amarillos y más verdes y todo fue creciendo hasta explotar, en éxtasis. Celebrando al gran Momo, con frenesí imparable en éxtasis, en éxtasis, en éxtasis…
Y con el último golpe de las masas en esos bombos mágicos, con ese último platillo volador, con el último salto, con la última exhalación, llegó el silencio…
Ese silencio efímero,… sentenciado,… en el que la lágrima rueda mejilla abajo, los ojos se entristecen y la mueca burlona se desvanece, el último, si todos lo sabemos, el último,… y ahora, todo pasa frente a nuestros ojos,… tanta gente, tanta risa,… y mirás las caras de un lado y del otro de la valla y todo está detenido en el tiempo. Cada cara es un espejo,… diste alegría, pasión, recibís alegría, recibís pasión. Inexorable.
Y luego el estruendoso aplauso que alimenta, cual catarata de energía vital, a todos los presentes.
Volver al barrio, bajar los bombos, comerse un “paty” y un poco de gaseosa. Charlar un poco, pero no demasiado para no perder esa sensación especial, saludar a los compañeros, sabiendo que la cama no puede contener toda esa energía y que probablemente no vamos a dormir hasta que Eos nos traiga la luz dorada del amanecer.
Y mañana, no, no es feriado,… hay que laburar. |